LecturasAugust 13, 2009 1:08 am

 

Para hablar de amor, más allá de las peripecias que nos imponen los caprichos de nuestra sexualidad, hay que saber internarse en el corazón, tanto físico, como dramático. Eso es lo que logra Vivian Stusser construyendo una novela  centrada en el rasgo crucial de su personaje: una mujer incapaz de aceptar una sexualidad que la desborda y que al final de un viaje por su cuerpo (y por los cuerpos), logra encontrarse a sí misma. El resultado es una novela a la vez epidérmica y profunda, una novela que leí con entera satisfacción , hasta la última página.

Bravo por Vivian y gracias. 

Papeles arrugadosJuly 14, 2009 1:18 am

 

Un viejo cuento de hace tres décadas, rescatado y dedicado a mi querida Yajaira.

EL ÚLTIMO VUELO DE SUPERMAN

A Yajaira Arcas

Las tardes tarde eran todas iguales: comenzaban con un largo ladrido de la perra Pinta, con el ennegrecimiento del cerro por los lados del kiosco del papá de Mosquito Luis. Hernán se escondía de Julio César, y Luis Cucaracha olfateaba el viento, viendo venir el grito de su  mamá. Entonces dejábamos el futbol, la pelota roja se quedaba ahí, diluida en la penumbra, y los alrededores del Bloque Nueve se anegaban de oscuridad. Las sombras iban dispersando a  los del día, espantaban a Luis Cucaracha, y Julio César le  preguntaba a Hernán  si  había comprado la mortadela  para la cena. Y cuando Hernán se iba a regañadientes detrás de su  hermano, era cuando comenzaba la noche.

En la noche todos los juegos eran en el poste que estaba enfrente del Bloque Diez. Allí mismo inventó Chicho el juego que dice:

—  "Tomatera, tomatera… 

—  ¡Raass con Raass! 

—  ¿Qué dicen?             

—  ¡Raass! 

—  ¿Qué dicen? 

—  ¡Raass!             

—  Bajan los mojones de Pilatos y se meten en el plato…  ¡Conteo! Bloque Uno, Bloque Dos, Bloque Tres, Bloque Cuatro…. ¡Un pellizquito por el culo y échenlo a volar!"

También jugábamos quemado con la pelota roja, porque  el balón de Eduardo dolía mucho y El Colombiano tenía demasiada puntería  y fusilaba a todo el mundo. Pero el último juego era el escondite,  que lo jugábamos hasta que Freddy y los grandes vinieran con el escondite de ellos a adueñarse del poste.

Una sola cosa nos malograba las noches: José Luis. Estábamos de lo más  tranquilos, hasta que alguno de nosotros descubría a José Luis, saliendo de su apartamento en el último piso del Bloque Once. Seguíamos como si nada, pero todos estábamos pendientes hasta que él llegaba y se  recostaba del poste, retándonos con su sonrisita.  Si me tocaba fusilar a mí, la pelota se me pelaba de las  manos. Y ahí mismo escuchaba su voz a mi espalda.

— ¿Juego?

Intercambiábamos miradas. José Luis seguía recostado del poste, escrutándonos. El Gordo Zárraga, que le tenía miedo,  a veces lo aceptaba y había un momento que yo pensaba que todo era idea mía, y que José Luis jugaba bien y era quien más respetaba las reglas. La pelea empezaba por cualquier cosa.

 — ¡Tú me empujaste!— decía José Luis y le metía un tremendo empujón al Gordo— ¿Qué es lo que te pasa a ti?

— ¿Qué fue? ¿Tú como que me tienes miedo?— decía José Luis, repitiendo el empujón y El Gordo Zárraga lo miraba aterrorizado.  

—Yo a ti no te tengo miedo…— contestaba El Gordo, sin verle la cara.

Los curiosos comenzaban a llegar. Freddy y  Douglas o cualquiera de los grandes que estuviera por allí,  los azuzaban. "Quítale la pajita…" "Que a que no le gruñes…" y los empujaban,  y José Luis y El Gordo (o Chicho o quien fuera) terminaban en  el suelo, donde José Luis le metía la estranguladora.

Otras veces José Luis se aparecía con el hermanito, que  tenía  como seis años, y siempre se trenzaba un paño en el  cuello, como si fuera una capa. Venía corriendo y se encaramaba en el murito frente al Bloque,  hablando como si fuera el narrador de la televisión.

— ¡Lleeeegó! ¡Suuuperman!

Entonces igualmente nos intercambiábamos miradas y ya  sabíamos que por ahí venía José Luis. El hermanito se quedaba así, con su  cara de muchachito bobo, esperando la  reacción, y todos nos hacíamos los locos y seguíamos jugando. Pasaban unos minutos  y aparecía José Luis, a veces con Nené, y empezaba todo de nuevo. Otras veces, el hermanito de José Luis aparecía en plena pelea,  siempre con su capa de Superman,  acompañado de la hermana, que estaba bien buena y era novia del hermano grande de Arturo.  Veían la pelea desde lejos, y la hermana de José Luis  se reía y le decía cosas a su novio en el oído. Ella sólo se metió una vez,  y fue cuando la pelea con Régulo.  Régulo casi le vacía un ojo a José Luis de un sólo puño,  y  entonces la hermana se soltó del abrazo y se le fue encima.

— ¡Mira! ¡Tú no vas a joder al hermano mío! ¿Oíste?

Pero cuando Régulo iba a defenderse de la hermana, José Luis aprovechó el descuido y lo tiró al suelo, para meterle la estranguladora. Y aunque Régulo no pudo hacer más nada,  repitió desde ese día que él no le tenía miedo a José Luis.

Tiempo después José Luis empezó a aparecerse por las  tardes, acompañado de Nené, justo cuando las muchachas del Napoleón Baute salían de sus clases y ambos se ponían a cortarles el paso y a tocarlas. Las muchachas al principio   no entendían y después salían corriendo. Una vez,  una de las grandes,  como de Sexto Grado, se le  cuadró, diciendo que iba a llamar a la policía y ellos comenzaron a burlarse, pero no se  atrevieron a tocarla más. Nosotros, cuando los veíamos,   nos mudábamos para detrás del Bloque Nueve,  y  ya no le hacíamos caso.

Nos acostumbramos a las invasiones de José Luis. A  veces,  estábamos jugando metras,  y llegaba el hermanito con su  capa,  corriendo y levantando tierra.

— ¡Sú… per… man…!— gritaba, y se llevaba las  metras por delante.

Los que estuviéramos ahí, nos quedábamos en el sitio  y levantábamos la cabeza poco a poco, para ver si estaba José Luis. 

Era una cosa que sucedía en las tardes, a veces todos los días,  a veces con intervalos de una semana. A lo mejor por  eso no nos extrañó tanto la noticia. A lo mejor por eso seguimos jugando futbol a la hora en que  la tarde se hacía noche y el largo ladrido de la Pinta que regresaba del cerro con la patota del Nelson El Monito, despedía a los muchachos del día y llamaba a los de la noche. Por eso tampoco nos acercamos de primeros y apenas detuvimos el juego cuando ya la escalera del Bloque Once estaba llena de gente y Nené Gámez venía corriendo con los ojos desorbitados. Sólo entonces supimos que pasaba algo, sólo entonces Luis Cucaracha vio dos veces hacia su  casa y  rompiendo por primera vez la prohibición corrió hacia la escalera de la familia de  José Luis y detrás de él corrimos todos. Cuando llegamos  todavía estaba el cuerpecito como a dos  metros de la cabilla de la reja que  le había reventado la cabeza,  en la planta baja del Bloque Once, aún con la capa puesta. Todo el  mundo alborotaba y hablaba de los bomberos y un señor raro, con  sombrero, estaba abrazando a la mamá de José Luis que tenía  como un ataque. Yo me abracé a la pelota roja. No podía dejar  de mirarlo tan chiquitico ahí y con los sesos afuera y la capa de paño bañada en sangre y la manito todavía como agarrando el  aire, como sosteniendo todavía el impulso de su último vuelo. 

SueñosJune 14, 2009 1:13 pm

Tuve dos sueños de los cuales sólo recuerdo uno: una carrera a locas por una trocha escarpada, en una suerte de rally en el que debía alcanzar no sé que meta, física y mental. En el sueño, me veo atravesando un terreno erosionado, subiendo un cerro, o tomando atajos impensados y descubriendo no sé qué verdades urgentes, en un giro que sustituye la mirada subjetiva del competidor,  que soy yo, por una  mirada panorámica. El otro sueño es continuación de éste, pero lo he olvidado. Sólo sé que le da continuidad al mismo esfuerzo, o más bien, a la misma lucha denodada. Me levanto energizado.

Papeles arrugadosMay 23, 2009 10:57 am

De la misma agenda de 1970, un poemita machista del que todavía no me siento avergonzado:

¡Oh alada imagen de femenil pureza
lúbrica núbil de inteligencia clandestina
plugiera al cielo haceros menos femenina
y con un adarme de cerebro en la cabeza!

 

Papeles arrugados 10:49 am

Un  soneto dedicado a José Ramón Ortiz alguna tarde en Tacarigua de la Laguna, cuando nos estrenábamos en varios oficios de este mundo, hace casi cuatro décadas:

 A José Ramón:

¡Oh, veleidades aciagas y luctuosas!
¡Oh, concurso de funestas deidades!
¡Oh, más que aciagas, protervas veleidades!
¡Oh, humanos débiles que naufragais por cualquier cosa!

¡Quién dijera en horas ya pasadas
que vuestro prolijo pensamiento tan pensado
en un instante quedaría arrodillado
sacrificado, inmolado sobre el ara

de la pedestre pasión, de la rolliza
ninfa que en sudorosos lupanares se desliza
y maculándose en el barro se hace impoluta!

¡Oh, débil poeta, oh virtudes deleznables!
¡Oh, bardo, que aun siendo ineluctable!
¡Trocais vuestros amigos por una puta!

CitasMarch 21, 2009 9:38 pm

La noche fugaz, un momento de pensar
un momento de olvidar
un momento de repasar
la noche rápida ha de pasar

El único lugar donde quiero estar
El único lugar que cierro con broche
en donde se me olvidan los reproches
Mas que nada, el frío de la media noche

Nada como una noche con los amigos
Olvidando los enemigos
Pasando de personajes a testigos
Y teniendo lo mismo que un mendigo

SueñosFebruary 23, 2009 12:57 am

Soñé que trataba de explicar los géneros dramáticos tomando como ejemplo la confección de una taza de porcelana, y el auditorio, que era numeroso y cambiante, se tomaba muy en serio mi comparación. Todavía el ejemplo lucìa contundente cuando desperté, hasta que la bruma del sueño comenzó a disiparse y me di cuenta de la banalidad de mi argumento. Y pensar que más de una certeza proviene de un sueño como éste-

SueñosFebruary 19, 2009 10:55 am

Sueño que voy a cambiar de sistema operativo, no yo, sino mi computadora y me doy cuenta de mi resistencia. Creo que el sistema no es tan bueno, que hay como un engaño agazapado ahí. El sicoanalista diría que es el miedo al cambio. Yo también.

SueñosFebruary 18, 2009 11:57 am

Del sueño de esta noche sólo me queda la imagen nítida de un borracho que suele exhibir sus deformidades en los alrededores de Quinta Crespo. El borracho es una estatua, de pie sobre la arena, en una playa conocida, que no sé cuál es, y yo me aproximo para tomarle una foto. Antes del sueño hubo fotos o borrachos, supongo yo, porque el sentido del borracho se desprende de un magma confuso donde prevalece esa sensación. Y después del borracho hay otra fotografía de varias personas también de pie, arremolinadas, que se apretujan o se tocan. Fue un sueño importante, estoy seguro de haber saboreado esa certeza mientras lo soñaba. También sé que se ha ido, como todos los sueños míos, que sólo regresan cuando alguna vez sueño que los estoy soñando.

SueñosFebruary 10, 2009 11:28 am

Soñé que unas monedas o unas manos cubrían mis ojos porque yo no quería ver y me desperté con esa sensación de huída, de clausura, de dolor. Luego me fui incorporando poco a poco, anticipado a este día nuevo, que me duele, y comprendí mi sueño.