Papeles arrugadosJuly 21, 2006 3:45 am

En 1970 estudiábamos en la facultad de ingeniería de la UCV y las clases de Análisis Matemático III eran lo suficientemente desmotivadoras como para que surgiera en su seno, junto a las series de Fourier y el cálculo de varias variables, un "poemario" que José Ramón Ortiz, amigo y cómplice, ilustró (José Ramón contribuyó también con un poema que todavía anda confundido entre mis papeles). El "poemario" estaba dedicado al poeta Gabriel Muñoz, de quien extrajimos nuestra rúbrica: "La mano convulsa". Entre mis papeles arrugados rescaté un soneto dedicado a Susana, aquella rubia del noveno cuya voluptuosa humanidad apenas lográbamos entrever en el cafetín de ingeniería, entre los saltos y los gritos desaforados de los compañeros. Teníamos diecinueve años…

Papeles arrugados 3:20 am

Parodias. Hay dos parodias que quiero conservar. Una de ellas es una versión del poema Derrota, de Rafael Cadenas, dedicada (en el mal sentido del término) a Geovanni Siem, quien vive actualmente en Australia . Se llama Renuncia. La otra es el Discurso de despedida que urdí junto con mi amiga María Luisa Gil para que nuestra común amiga María Elena Alcalá lo leyera con motivo de su separación del cargo de Jefe del Departamento de Administración del Instituto Universitario de Tecnología Región Capital. Siento cariño por ambos escritos y los he rescatado para esta página.

SueñosJuly 19, 2006 7:55 pm

Abrí los ojos todavía al calor de la contienda. He sido tigre a punto de ser devorado o caballo encabritado, no sé. Intento reconstruir los enfrentamientos sucesivos, el empeño de las zarpas, las carreras. Ha sido un sueño trepidante y hermoso, de esos que no vale la pena despertar.

SueñosJuly 9, 2006 2:20 pm

La esquina luminosa de una ciudad, o más bien de un pueblo (Patras, se me antoja ahora, pero también la misma perspectiva de una esquina del Londres en el que viví mientras estudiaba matemática). Desde mi sueño en picado veo a un oficial de tránsito que dirige la tarea de remover a empellones un vehículo doble tracción, con ayuda de una camioneta. El doble tracción va escupiendo sus entrañas —sólo recuerdo una tubería roja y la carrocería plateada que se deforma— hasta que la camioneta lo saca de mi visión. Sé inmediatamente, con esa omnisciente sabiduría de los sueños, que el dueño del vehículo estaba cerca y que nadie ha querido ponerlo al tanto de lo que ocurre. Más tarde en el sueño, un hombre fornido me mira en contrapicado desde una calzada conocida y se lamenta por no haber sido avisado (debe ser que la esquina de mi sueño es ahora la de El Cabotaje en los Teques y que la ventana a la que me asomo es la del registro público en el que firmé hace trece años un documento de propiedad). Me despierto. Del sueño sólo me queda el sabor de haber presenciado, o tal vez cometido, una injusticia.

SueñosJuly 7, 2006 9:56 pm

Soñé que la casa de la playa daba al mar.  La casa de la playa, que no es ya la casa de la playa, abría unos inmensos ventanales  frente a un mar en ruinas, y todo aguardaba por la reconstrucción. La casa era este blog en el engaño de la duermevela, lo sé, y en un momento me asome a las ventanas recién excavadas tratando de explicarme qué  había sido de la casa de mi matrimonio, la casa de mis sueños, del sueño de mi casa, de esa casa que en el sueño de mi sueño una vez compartiera con mi hijo y mi mujer.  Recuerdo que me moví en la arquitectura de la casa, de la sala a la cocina, de la cocina a lo que había sido una vez la sala y ahora era ese hueco inmenso sobre un mar desconocido, tratando yo de calzar su vieja geografía, intentando saber qué había sido de la casa y de la vida que una vez soñé. Me fui despertando sin respuesta y comencé lentamente a darme cuenta de que, donde una vez estuvieron las tapias blancas de mi casa de la playa,  se erige ahora la parcelación intangible de este blog, sus habitaciones transparentes,  el terror o la promesa de habitar una intemperie que solo puedo amoblar  con mis palabras.  

Traducciones 12:19 am

Siempre me sedujo esta canción de George Brassens y un día me dio por intentar una traducción libre que terminó durmiendo el sueño de los justos en el disco duro de computadora de la mujer de la que estuve enamorado. Ahora encuentro un análisis exahustivo de las canciones del cantante francés en Analyse Brassens y me parece justo que la traducción, con toda su emocionada imperfección, inicie este blog. Hela aquí:

Le blason

Habiéndome siempre entendido muy bien con ella
Yo quiero celebrar sin lucir inadecuado
Tu más bella pertenencia, tierno cuerpo femenino,
Esa que, para todo el que la ve, resulta alucinante

Esta es para ella mi canto postrero, mi canto de cisne,
Mi última carta de amor, mi mensaje de adiós,
A aquella que desgraciadamente, las palabras que la nombran
La colocan en disputa con lo execrable y con lo odioso.

Es la gran piedad de la lengua francesa,
Su talón de Aquiles y su mayor deshonor,
El no ofrecer sino palabras manchadas de bajeza,
A este incomparable instrumento para la felicidad.

Mientras que las flores en su  mayoría tienen nombres poéticos,
tierno cuerpo femenino,  resulta una desgracia,
que las más bella flor, la más erótica,
la más intoxicante,  tenga un título escabroso.

Pero lo peor de todo es ese corto vocablo
De cuatro letras nada más y muy acostumbrado.
Asunto inexplicable y además irrevocable…
¡Vergüenza para aquel que la utilizó por vez primera!

¡Vergüenza a aquel que por despecho o por apuesta
Con su venenosa hiel la bautizó con este término!
Este “amigo del hombre” y su mordaz injuria
Debe de haber probablemente sido un famoso

misógino, de seguro un asexuado
un absoluto reticente frente a los encantos de Venus.
Fue ese pobre tipo, capaz de beberse toda la vergüenza,
quien aventuró esa aproximación, por demás intempestiva.

maldita sea esta homonimia,
Es injusto, mi señora, y es tan descortés,
que esta pequeña reina de vuestra anatomía,
tenga el mismo nombre que una muchedumbre

Quiera el cielo que un día en un arrebato de ingenio
un poeta inspirado, sostenido por Pegaso, 
le otorgue, borrando de un golpe siglos de vejación,
un bello nombre cristiano, a esta verdadera maravilla.
 
Y si lo hace, señora, parecerá que hizo un daño
y vuestros adoradores se lamentarán,
perdiendo de vista que hay otras maneras de rendirle homenaje
y que yo las conozco, y que yo las conozco…