En 1970 estudiábamos en la facultad de ingeniería de la UCV y las clases de Análisis Matemático III eran lo suficientemente desmotivadoras como para que surgiera en su seno, junto a las series de Fourier y el cálculo de varias variables, un "poemario" que José Ramón Ortiz, amigo y cómplice, ilustró (José Ramón contribuyó también con un poema que todavía anda confundido entre mis papeles). El "poemario" estaba dedicado al poeta Gabriel Muñoz, de quien extrajimos nuestra rúbrica: "La mano convulsa". Entre mis papeles arrugados rescaté un soneto dedicado a Susana, aquella rubia del noveno cuya voluptuosa humanidad apenas lográbamos entrever en el cafetín de ingeniería, entre los saltos y los gritos desaforados de los compañeros. Teníamos diecinueve años…