Es el título de un viejo poemario de Miguel Otero Silva publicado por el Ateneo de Caracas en el año 1965. De él copio el poema 5, que me gusta mucho:

Yo me río de la muerte,
gritó mi amigo temerario e incrédulo
mientras caía la nieve sobre los árboles lisiados
y un aroma de castañas asadas
pregonaba su lumbre como pan recién hecho.

Hace ya tantos años
que hoy tan sólo recuerdo los rasgos de mi amigo,
el metal turbulento de su voz desafiante,
las barandas del puente salpicadas de blanco
y esa proclama suya: yo me río de la muerte.

Después murió mi amigo.
Era joven y vigoroso como ninguno pero
murió, quien iba a creerlo dijimos todos
sus camaradas, y lo enterramos bajo la nieve,
bajo riscos de yelo a él que se reía de la muerte.

Sereno y olvidado se ríe de la muerte.