De su espanto sólo pude imaginar la pesadilla que la reclamaba y vencido por el sueño opté por abrazarla y seguir durmiendo. Después soñé con un automóvil de juguete, primero un convertible enorme sostenido por los dos y luego autito plateado que se precipitaba escaleras abajo y se hacía añicos para siempre.