Dos aviones enormes en lo que resulta ser un patio-aeropuerto de la mansión donde ahora despacha el psicoanalista. Un hombre joven y de barba me escucha con la seriedad de un pupilo aventajado y yo le hago un breve resumen de mi caso, mis padres, mi infancia, mi vida entera, como si se tratara de un esquema geométrico hartamente conocido. Mas allá los dos aviones sirven de bastidores de dos trajes plateados, colgados en sendas narices, unos trajes restallantes cuya tersura compruebo mientras me asalta el temor de que mi proximidad pueda ser malinterpretada por algún testigo indeseable (quizás el mismo psicoanalista). De vuelta a la mansión, busco en las habitaciones hasta dar de nuevo con el psicoanalista interino quien comienza a explicarme algo que quizá es la clave de este sueño y que ahora, despierto y distante, he perdido para siempre.
SueñosMarch 7, 2007 11:20 am

