Papeles arrugadosJuly 6, 2007 10:39 pm
Un texto muy querido, escrito en los años ochenta:
Has de recordar el mar, el mar puro, el piélago insomne que una vez te envolviera en su luz, la pupila incandescente que estallara esa mañana. Has de recordar una playa, una ola, la diminuta pompa de espuma que quisiste atrapar en tu memoria muchísimos años atrás. Has de recordar todas las playas, todas las olas, un voluminoso muestrario de olas y de playas desde aquel día solitario. Las vacaciones tocaban a su fin, y tú con un gesto que habrías de repetir tantas (¿demasiadas?) veces, te obstinabas en fijar en tu memoria la aparición de aquella minúscula pompa acuosa. ¿Qué perseguías, por qué insistías en detener el mundo? Esa irrupción momentánea ante tus ojos, esa caprichosa vestidura que adoptaba la materia era (¿sigue siendo?) tu vínculo con la vida, como dirías después, tu precaria identificación objetual, tu intento desesperado de que el tiempo no transcurriera como transcurría y el mar rompiente no se quedara atrás como se quedaba. El mar se empequeñecía detrás del óvalo salitroso del Citroen. Tu padre conducía, tu hermano menor se arrebujaba en un caluroso edredón amarillo. Atrás quedaban las olas, aquella instantánea vacuola de agua y de sal. El Citroen proseguía su alejamiento inexorable. Desde esa hora en adelante, muy adentro de ti, tuviste para siempre tu ola efímera, tu microscópica copa de espuma. Sin lugar a dudas, ahora la has de recordar.
