Un soneto dedicado a José Ramón Ortiz alguna tarde en Tacarigua de la Laguna, cuando nos estrenábamos en varios oficios de este mundo, hace casi cuatro décadas:
A José Ramón:
¡Oh, veleidades aciagas y luctuosas!
¡Oh, concurso de funestas deidades!
¡Oh, más que aciagas, protervas veleidades!
¡Oh, humanos débiles que naufragais por cualquier cosa!
¡Quién dijera en horas ya pasadas
que vuestro prolijo pensamiento tan pensado
en un instante quedaría arrodillado
sacrificado, inmolado sobre el ara
de la pedestre pasión, de la rolliza
ninfa que en sudorosos lupanares se desliza
y maculándose en el barro se hace impoluta!
¡Oh, débil poeta, oh virtudes deleznables!
¡Oh, bardo, que aun siendo ineluctable!
¡Trocais vuestros amigos por una puta!

